domingo, 21 de marzo de 2010

OBISPOS CRISPADOS

“La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo”


Digamos las cosas como son: la actual tensión política entre gobierno y oposición no es más que una puja de poder. Por un lado, el arco oficialista, los Kirchner como gusta llamar al común de la gente, con un modelo de país (próspero o no próspero), con proyectos (buenos o malos); por el otro lado, la Oposición, grupo amorfo, que tiene como principal fin oponerse. Esa es la regla en política. No importa qué tan bueno o malo sea una decisión de tu adversario, lo que importa es oponerse. La tensión, en sí, entonces, se reduce a una puja. Una puja por el poder. El clima es hostil realmente, cuando se manifiesta en todos los estratos sociales. Por ejemplo, una empresa decide despedir a sus empleados y eso crea una situación de conflicto; el Estado recorta el 13% y los empleados estatales deben salir a manifestarse para poder cobrar un sueldo digno; el poder es asaltado por militares que comienzan una masacre; el default económico provoca que los intereses se disparen, el riesgo país suba, las inversiones caigan sumiendo al país en una economía endeble; las empresas estatales son vendidas a valores risibles lo cual provoca un nulo ingreso de efectivo y una reestructuración que deja en la calle a miles de trabajadores (YPF, Aerolíneas Argentinas, Ferrocarriles Argentinos, etc., etc., etc.,). Esas son tensiones. Eso es una crisis. Eso es una confrontación.

Sin embargo, vale aclarar que sí hay hechos en juego y que no es todo una puja política entre partidos opuestos. Es decir, existe un suceso particular, como puede ser el pago de la deuda externa con reservas del Banco Central, lo que sucede luego es que ese acontecimiento se trasforma, por malos hábitos de los medios que suele tergiversar la información (al modo de “Cristina necesita plata”) y por la lógica propia de la política partidista, se convierte en motivo de debate y puja de poder. Lo primero no está para anda mal, el problema es lo segundo. Es un problema porque todos, digo con todos desde los mismos políticos hasta nosotros mismos en casa mirando el noticiero, terminamos debatiendo si Cristina va a usar las reservas en vez de debatir si es favorable pagar la deuda externa y de cómo hacerlo. Por lo tanto, en este escenario, donde los planteamientos suelen desvirtuarse con gran facilidad, es necesario ser astuto y no permitir que el tema se desvíe.

Astucia fue, entonces, la que le faltó a los obispos al expresarse en el comunicado sin darse cuenta que olvidan el tema que se debate: el pago de la deuda y dijeron:

“la celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo”. Dicen además “lo que sufre es la Nación toda” y que “no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales”

“la calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional”, y “es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común”.

Cayeron en el lugar común de criticar la tensión y no el hecho puntual. Además de incurrir en el error de pseudo acusar de intervenir la justicia y perjudicar la institucionalidad general, cuando, si hay un mérito de este gobierno es apuntar a una justicia autónoma (recuérdese que una de las primeras medidas de Néstor Kirchner fue apelar por una Corte suprema de la Nación autónoma y desplazar a la famosa ‘Mayoría automática’ de Menem) y a una institucionalidad muy mejorada a la corrupción menemista conocida hasta en EE.UU. que da ejemplos en las actividades del Congreso y en atenerse a las resoluciones de éste (por ejemplo, Proyecto de Ley 125). Probablemente sea un mal que aqueja a muchos este de criticar sin prestar atención a los puntos neurálgicos. Además, claro está, que si se anula el pago a la deuda externa quedaríamos en una situación de morosos y eso conllevaría riesgos económicos para el país. Sin contar que oponerse es una forma de posicionarse en contra de ese pago y por lo tanto a favor de otra postura y solución que, en verdad, no aparece y no hay indicios de que aparezca. Pero mejor así, que la Iglesia se mantenga al margen de estos debates. No faltaría más que la Iglesia se ponga a hablar de temas económicos. Demasiado con estos comunicados cuasi políticos que instan a los gobiernos a cumplir una ley que imaginariamente se cree quebrantada.

Sin embargo, me surgen dudas luego de observar esta férrea actividad social de los obispos: ¿Dónde estaban los obispos en la década menemista, en el golpe del 76, en el derrumbe de de la Rúa? ¿Qué obispo le llamó la atención a Menem cuando se propuso la Reestructuración del Estado que nos llevó a ser un país económicamente precario? ¿Qué grupo de obispos se manifestó a favor de los trabajadores que reclamaban el 13% recortado para pagar la deuda con el FMI durante la presidencia de de la Rúa? ¿Dónde estaba la Iglesia cuando los militares torturaban y asesinaban a miles de argentinos? ¿Qué hace la Iglesia por los niños pobres? ¿Qué hace además de emitir enunciados y llamar a la prensa para que le publiquen sus comentarios? ¿Qué hace?

Para más información lea el enlace

Fuente: La Cartelera 10

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cristina por favor no vetes, el matrimonio gay y el aborto. Son cuestiones personales, los que no somos peronistas pero te votamos y defendemos, te lo pedimos.

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