sábado, 20 de noviembre de 2010

Día de la Soberanía Nacional

“…los argentinos no son como empanadas que se comen sin mas trabajo que el de abrir la boca (…). Esta contienda es, en mi opinión, de tanta trascendencia como nuestra emancipación de España.”

José de San Martín

El 28 de Marzo de 1838 Francia declaraba bloqueado el Puerto de Buenos Aires. Habían exigido la liberación de súbditos presos y un trato igualitario con los ingleses en nuestras tierras: interesante manera de justificar a los ojos europeos la intervención, cuando lo cierto era que se habian avocado -a comienzos de la década- en una vertiginosa aventura imperialista por el mundo entero.

Lograron desarrollar en Montevideo una base de operaciones financiando un golpe de estado. Reemplazaron al presidente constitucional uruguayo Manuel Oribe por el caudillo Fructuoso Rivera quien firmó una declaración de guerra contra Juan Manuel de Rosas. El documento habia sido extendido, naturalmente, por el representante francés Aimé Roger.

La política economica que habia desarrollado Rosas estaba dando sus frutos. Porque si por un lado la Ley de Aduanas de 1835 –basada en gravar con altos impuestos aquellos productos provinientes del extranjero- había generado una incipiente industria mediante el desarrollo de pequeñas fabricas y talleres artesanales en todo el interior del país, tarde o temprano las negativas imperialistas a aceptarnos como algo mas que una colonia no se harían esperar. La introducción de productos debía, necesariamente, ser libre. Al menos para ellos.

El bloqueo duró treinta meses, y causó grandes problemas económicos en el seno de la Confederación. Dos años de financiacion y guerras no habían logrado que Rosas callera. Su firme actitud, y la presión que los comerciantes ingleses afectados por el bloqueo ejercieron en los franceses, fueron la causa del tratado Arana-Mackau que ponía a Francia en calidad de vencido. Por el momento, y hasta lograr entenderse nuevamente británicos y franceses en sus apetencias comunes al usufructo de los recursos sudamericanos.

La intervencion Anglo-francesa.

La guerra civil en el Uruguay continuaba hacia 1845, siendo asi la semilla sembrada por Francia, y Rosas apoyaba ahora enérgicamente al presidente constitucional depuesto, declarando el Sitio Grande de Montevideo, bloqueando asi los rios interiores.

Gran Bretaña y Francia, ahora unidos, se autoproclamaron mediadores del conflicto.

Interesante excusa, con una ley proteccionista que derogar, y rios que era necesario navegar.

Rosas supo, sin embargo, que no contaba con todos los argentinos: una buena parte de ellos, principalmente aquellos de gran influencia económica estarían con el invasor y sus francos y libras esterlinas. De hecho operaron como fuertes auxiliares internos. Pero este hombre ya entendía las ansias colonialistas y se preparaba para enfrentar una inminente invasión.

Como ésta no era una guerra con fines de odio, sino imperialista, en los medios de prensa de Londres, Paris, Rio de Janeiro y Nueva York los ministros representantes de la Confederación Argentina escribieron articulos alusivos en la prensa internacional, que denunciaron la desembozada intervención en estas tierras. Los invasores eran el gobierno ingles y francés, y no el pueblo ingles o francés, lo que no es lo mismo. Razón quizás por la que muchos paises deben encontrar excusas para justificarse frente a sus compatriotas cuando deciden entrometerse en otros territorios.

Cuando el combate era inminente, Rosas mandó a fortificar la estratégica Vuelta de Obligado, un sitio geográficamente ideal para la defensa que ya era tenido en cuenta desde los dias de la emancipación.

El 20 de Noviembre de 1845, el General Lucio Mansilla se defendió heroicamente a pesar de la inferioridad de condiciones, y solo después de largas horas de combate la escuadra extranjera logró forzar el paso, continuando hacia el norte por el Río Paraná. La población ribereña, sin embargo, enfrentó en tres batallas más a la flota, improvisando una resistencia que generó grandes averías y enormes pérdidas económicas en el enemigo.

Los interventores comprendieron que la misión había fracasado. Habían triunfado en la batalla pero sin beneficios económicos, todo esto sumado al desprestigio sembrado por los diplomaticos argentinos en Londres y París. Nuestra fue entonces, la victoria. Porque Francia e Inglaterra –sus gobiernos, en realidad- debieron reconocer nuestra soberanía y el derecho inquebrantable a disponer de nuestros ríos. Los tratados Arana-Southern (1847) y Arana-Le Predour (1848) dan cuenta de ello, sobre un conflicto que tuvo resonancia continental.

Llevandose consigo más de 250 almas.

Federico Vitale

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