martes, 29 de marzo de 2011

Libertad de expresión y libertad de empresa

Por Jerónimo Guerrero Iraola:

“¿Quién cambia allí, en una cama o en el cosmos: el perfume o el que lo huele? La relación objetiva-subjetiva no interesa a Lucas; en un caso como en otro, términos definidos escapan a su definición, Dorita A no es Dorita A, o Lucas B no es Lucas B. Y partiendo de una instantánea relación A = B, o B = A, la fisión de la costra de lo real se da en cadena.”

La cita resulta más que elocuente. En “Lucas, sus críticas de la realidad”, Julio Cortázar pone en evidencia que un hecho, por caso “A”, debería siempre ser ponderado en función del contexto.
En este caso en particular, dotaré a “A” de substancia. La llamaré “libertad de expresión”.
De esta manera, el derecho a la “libertad de expresión” varia según quién sea el que lo enarbole, y hasta incluso es forzado muchas veces, al punto en que sus márgenes rozan un patrón cómico.
En primer término, diré que me encuentro dentro los que defienden con ahínco el mentado derecho. Su “instrumentalidad”, como característica principal, lo dota de una importancia incalculable, puesto que su irrestricto cumplimiento, ha permitido a lo largo de la historia innumerables consagraciones, sobre todo, en lo que a libertades y reivindicaciones humanas respecta.
Sin embargo, a partir del advenimiento del liberalismo económico/político, sus alcances han cambiado, intentando fijarlo en forma unívoca.
Carlos Soria, en su artículo “Más allá del capitalismo informativo”, lo caracteriza de la siguiente manera:

“(…) Hacia 1870 se inicia la segunda revolución industrial, la revolución del acero, la electricidad, el petróleo y la química. Por otro lado, el liberalismo económico se convierte en capitalista: "cuando la búsqueda de capital se convirtió en un fin, el liberalismo económico se encontró en su seno con el capitalismo". En este marco de referencia, hay que situar lo que se ha denominado entre nosotros la etapa empresarista de la Información). Se llega al umbral de esta etapa a través de un reduccionismo progresivo operado a lo largo de un siglo. La libertad de prensa será insensiblemente libertad para la prensa; a su vez, esta libertad para la prensa se entenderá reductivamente como libertad de constitución de empresas de prensa; y finalmente la libertad para la empresa únicamente querrá decir libertad para el empresario, es decir, para la persona que rige y controla la organización informativa.

Las consecuencias de la etapa empresarista en su formulación histórica como capitalismo informativo, han sido patentes.

La dialéctica informativa se concibe como una relación estricta entre el poder político-administrativo y el empresario. Únicamente ellos son los agentes de la actividad informativa.”


De esta manera, podemos apreciar cómo ha virado una herramienta fundamental en sus inicios a los fines de oponerse a los poderes tiránicos omnicomprensivos; en un significante capaz de contener en su interior, desde aquella primigenia conceptualización, hasta la más cabal representación de lo que comporta la empresa capitalista.
Así, este universo de significados constantemente en pugna, son utilizados por todos los sectores intervinientes en las sucesivas disputas, a los fines de acreditar, o bien el respeto por las instituciones democráticas, o bien el tinte fascista de sus contrincantes políticos directos.
Lo ocurrido con los trabajadores de la empresa Artes Gráficas Rioplatenses, no hace más que demostrar el punto que intento esbozar.
El reclamo sindical, que se entronca en el conflicto iniciado en el año 2004, luego de que el grupo Clarín despidiera 120 trabajadores, con motivo de las sucesivas pujas que venía llevando adelante con la cúpula gremial de la empresa, vuelve a situar en el eje el mentado derecho a la “libertad de expresión”.
La protesta de los trabajadores comenzó el sábado por la noche, y se extendió aproximadamente por 12 horas, lo que impidió la circulación de los diarios Clarín y Olé, ambos pertenecientes al mismo grupo económico.
Dicha situación provocó la reacción del holding, sumada a la del arco opositor, cuyas voces aprovecharon para endilgar el hecho al Gobierno, al tiempo que comparaban sus prácticas, como de costumbre, con aquellas propias del fascismo.
Ahora bien, debemos en este punto, analizar acabadamente los alcances del supuesto derecho vulnerado, al tiempo que lo dotamos de su debida contextualización.
En efecto, lo único que debemos remarcar, es la consecuencia ideológica del multimedio, ya que siempre se ha colocado en la vereda contraria a los intereses de la clase trabajadora.
La caracterización eminentemente peyorativa de las huelgas, constituye la moneda corriente por parte de la corporación. Desconociendo el derecho a huelga, y a ésta, paradójicamente, como medio de vehiculizar la expresión sectorial, siempre se ha encargado de poner en evidencia la “vulneración” del derecho a transitar libremente acaecida en dichas ocasiones contra el resto de la ciudadanía.
Cabe aclarar que la construcción mediática llevada adelante desde Todo Noticias, por ejemplo, se encarga siempre de excluir de la categoría de ciudadano a los “piqueteros”. Basta recordar el sócalo utilizado por el canal de noticias durante el conflicto por la Resolución 125, en que “informaban” que “piqueteros atacaban a manifestantes” (SIC).
La situación acaecida el pasado fin de semana, ha repercutido de manera similar. Desconociendo nuevamente el “derecho a huelga”, desde el monopolio mediático se ha denunciado el cercenamiento a la “libertad de expresión”.
Curiosamente, la denuncia en cuestión se realizó desde uno de los canales que, desconociendo la disposición referente a la nueva grilla de programación, se ubica en canal de privilegio (11), por encontrarse éste, entre las dos señales más vistas.
Lo dicho sin contar las radios que pertenecen a la corporación, la divulgación de los diarios en formato digital y el “efecto rebote” que dicha circunstancia ha tenido en otros medios.
No deberían quedar dudas, a esta altura, de que el holding se encontró en peores condiciones que las cien personas que reclamaban por el cumplimiento de la normativa que rige su actividad laboral, en ejercicio pleno del derecho que les confiere el artículo 14 bis de la Constitución Nacional (“derecho a huelga”).
Lo que resulta indispensable remarcar, es que en el caso en cuestión, el grupo Clarín ha sufrido un evidente perjuicio económico, producto de la protesta sindical llevada adelante por los trabajadores de la empresa Artes Gráficas Rioplatenses. Lo expuesto, no es más que la justificación absoluta de la medida tomada por estos.
Una de las características principales de la actividad laboral, es la “ajenidad”. Los trabajadores sólo cuentan con su fuerza de trabajo, y por tanto, al momento de la negociación (máxime con la latente amenaza del “ejército de reserva”), resulta indispensable que puedan recurrir a la herramienta de la unión sectorial, que inexorablemente redundará en la toma de medidas que produzcan un perjuicio a quien detenta la propiedad de los medios de producción.
Negar tal realidad, o pretender enturbiarla por medio de recursos retóricos tales como el “ataque a la libertad de expresión” resulta un acto de absoluta deshonestidad intelectual. Máxime cuando dicha herramienta discursiva es desplegada desde una batería de medios masivos de comunicación.
Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, se mofaba de los comunicadores de su país, al decir que Venezuela era el único país en el que se denunciaba el ataque a la libertad de expresión, desde la tapa de los principales diarios.
Así, ver la cobertura en vivo de la toma por Todo Noticias, al tiempo que se “ponía de manifiesto” la vulneración del derecho en cuestión, constituyó, como mínimo, una tomada de pelo a la audiencia.
Por su parte, el cinismo del holding resulta indignante. Cabe remarcar que no ha recibido censura ni en los años más oscuros de la historia de nuestro país. Sus tapas, viles, rezaban leyendas tales como “Abatieron a extremistas en San Isidro y Tucumán” (tapa del 5 de septiembre de 1976). Con eufemismos que evocaban a la idea absolutamente desestimada de “guerra interna”, justificaban y promovían el obrar de los aparatos represivos del Estado.
Sólo la historia tiende, a través de las sucesivas luchas sociales, hacia la justicia. La tesis de la “guerra interna” utilizada por el diario Clarín, fue rotundamente desechada en la Causa Nº 13/84, al tiempo que se reconoció el “Plan Sistemático de Exterminio” en el marco del “Terrorismo de Estado”.
Cuántos años deberán pasar, o cuánto deberemos batallar, entonces, para que se reconozcan los ya explícitos intereses económicos que persigue la corporación mediática, y para que caiga rotundamente el eufemismo de considerar sus pérdidas económicas producidas por el goce legítimo y efectivo por parte de los trabajadores del “derecho a huelga” consagrado constitucionalmente, como un ataque a la “libertad de expresión”, y por tanto a la democracia.

Dr. Jerónimo Guerrero Iraola

Nota relacionada: De multas y libertades

1 comentario:

Niño Errante dijo...

Yo no le digo a Clarín que se autocensure, pero la verdad es que debería llamarse a silencio, por eso de que es preferible parecer un pelotudo que hablar y despejar toda duda.
Cordialmente,
Yo.

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